Los tipos de cuero según el acabado

Cuando sometemos la piel a ciertos tratamientos químicos, podemos cambiar su apariencia para conseguir diferentes acabados. Así, en función del tratamiento que se le dé después del curtido, obtenemos el cuero cocido. Este método implica sumergir la piel en agua, cera o grasa hirviendo para conseguir un cuero muy moldeable.

Si queremos conseguir el cuero graso, tendremos que reponer los aceites naturales del material. Así, obtendremos un material sea más flexible y resistente al agua, perfecto para fabricar zapatos.

En el calzado podemos diferenciar tres tipos de acabados dependiendo de cómo se dividan las capas de la piel. La piel vuelta o serraje es aquella que se obtiene cuando ésta se divide en varias capas, utilizándose la capa interna para fabricar el zapato.

El serraje tiene un acabado aterciopelado y es resistente.

Por otro lado, el nubuck es otro acabado muy frecuente en el calzado. A simple vista, es muy parecido a la gamuza, la diferencia es que en este caso la piel no se separa, sino que obtiene ese aspecto durante el tratamiento al que se somete.

Los zapatos de charol se obtienen al añadir varias capas de poliuretano a la piel. Como resultado se obtiene el brillo característico de este material. Se consigue un acabado muy elegante y resistente al agua. Por contra, como consecuencia de los químicos que se le añaden, son menos flexibles y son propensos a agrietarse con el uso.

PIEL SINTÉTICA

En el mercado existen alternativas a la piel genuina, más baratas y con menos calidad, como las pieles sintéticas, que cada vez adquieren un aspecto más parecido al cuero auténtico.

Las características principales que las diferencia a simple vista son el tacto y el olor. El olor del cuero es muy propio del material, mientras que las imitaciones huelen a plástico. La textura de ambos es distinta. En el cuero real se notan los poros de la piel y no así en el de imitación.